Es difícil explicar las sensaciones que te llegan al cuerpo nada más acabar el encuentro. La última Final Four que jugó el Real Madrid fue hace 15 años. ¡15 años! Un hecho que debería ser una rutina se convierte en algo extraordinario. Con 8 añitos ya veía, y entendía algo, de baloncesto. Los Sabonis, Arlauckas, Antúnez, Laso son nombres que a uno se le quedan a pesar del paso del tiempo. El Real Madrid ha vuelto a Europa; a competir y a luchar por los títulos. Un paso adelante.
Este éxito es mérito de Lele Molín y un grupo humano que ha sabido sobreponerse a las adversidades. Es decir, a la fragilidad psicológica de verse inferior ante el Barcelona. El marco se estrecha, al igual que en fútbol, y los miedos empiezan a desaparecer. Ettore Messina es partícipe de este logro, por mucho que diversos periodistas quieran descalificarle. Esto también es tuyo Ettore.
El equipo ha derrotado a un duro rival. La inspiración de Cook y Savanovic nos puso contra las cuerdas a lo largo de la serie. El pase se ha ganado a través de la defensa y el rebote ofensivo. Quiero destacar a 2 jugadores muy críticas por prensa y afición: D'or Fischer y Clay Tucker. La intimidación del primero nos ha hecho crecer en esa dinámica que no encontrábamos desde hace años. El segundo ha dinamitado la serie en este último partido cuando pintaban bastos. El escolta americano se ha vaciado en los micrófonos de Onda Madrid a lágrima viva. Piel de gallina.
No quiero olvidarme de Carlos Suárez. Es un jugador que genera madridismo con cada gesto, palabra o acción. Son un grupo de jóvenes que pueden hacer historia en el club si no se cometen los mismos errores del pasado. Ahora llega Barcelona. Nos espera un Maccabi temible en semifinales, por no hablar de nuestros amigos del PAO del genio Zeljko Obradovic. Paso a paso



